FUNDAMENTO DE LA TERAPIA ELECTROMAGNÉTICA
La enfermedad comienza en la célula.
La enfermedad es propia
de los organismos vivos cuando en estos existe una mala función en las células que los
constituyen.
Cuando en una célula se
alteran las funciones de transporte de líquidos y sales desde y hacia su
interior se desarrolla un trastorno que en último término la paraliza y le
impide cumplir su tarea, le impide repararse a sí misma y multiplicarse.
Si tal proceso se lleva
a cabo en millones de células en todo el organismo, el efecto final es el mal
funcionamiento de los órganos y sistemas, produciéndose la fatiga, el daño de
su estructura y por consiguiente el dolor, la inflamación y la deformidad,
la prolongación de estos trastornos en el tiempo conlleva la muerte.
La Molécula es
el nivel de la «no enfermedad»
Toda la vida está
sostenida sobre una enorme estructura hecha a partir de átomos y moléculas.
Si comparamos a nuestro
cuerpo con un enorme edificio podemos decir que los átomos y moléculas son sus ladrillos que se mantienen unidos
y comunicados por medio de campos de fuerzas que son eléctricos,
magnéticos, iónicos, etc.
Estas moléculas y átomos
generan corrientes de energía que atraviesan al cuerpo en todas direcciones.
Estos campos energéticos se relacionan a su vez con los campos que lo
circundan, como el campo magnético de nuestro planeta, las energías radiantes
del sol, los campos de energía creados por el hombre y los campos de energía de
los demás seres vivos y no vivos (como los minerales, los elementos de la
naturaleza, etc.)
Si nuestros átomos y
moléculas poseen alta energía y esta fluye libremente a través de ellos,
nuestro cuerpo tendrá un funcionamiento armónico y en equilibrio, manifestando
salud y vigor. Pero si por el contrario, la energía es poca, está desorientada,
desbalanceada, represada en algunos órganos y sistemas y escasa en otros, tal
desbalance crea la enfermedad.
Por lo tanto, si a un
organismo que posee sus energías desbalanceadas y sus moléculas desordenadas se
le aplica un campo electromagnético uniforme, con unos polos norte y sur bien
definidos y coordinados con los propios polos magnéticos terrestres, se le
puede reordenar en su estructura molecular y atómica que repercutirá a su vez
en el orden interno celular.
Si las células están
ordenadas y sincronizadas entre sí, el funcionamiento de tejidos, órganos y
sistemas será óptimo y por lo tanto, la maquinaria corporal será muy eficaz en
su trabajo y muy fuerte en su estructura. Eso se expresará como salud, vigor y
bienestar.
Porque la celula se enferma ?
cual es su curacion ?
cual es su curacion ?
LA MOLECULA es la clave del origen
de la enfermedad celular y de la cura de
la misma.
La molécula no es más que un pequeño cúmulo de
materia regida por principios de interacción eléctrica, magnética y vibracional.
Es decir, el nivel más
esencial de la vida está en donde la energía se materializa a través de sus
formas primarias: en átomos y moléculas.
Si las moléculas se alteran, se enferman
las células y así lo hace también el organismo.
Si las moléculas se
armonizan, el efecto será igual para la totalidad.
Este es el principio de
las Terapias de electromagnetismo, vibración y repolarización molecular que
cada día se abren campo en la práctica de la medicina alternativa.
Los átomos y las moléculas,
a nivel celular, en sí mismas no se
enferman, pero una inadecuada interacción de ellos en el interior de las
células (donde forman membranas, núcleo, etc.) sí que dan origen en las células
a un proceso de mal funcionamiento que llamamos enfermedad.
Cuando en una célula se
alteran los mecanismos de transporte de iones (átomos con carga), cuando se
alteran las moléculas o los electrones, se crea un desequilibrio interno que en
último término conlleva a la parálisis de sus funciones, a la parálisis de su
intercambio con el medio externo (ingreso de agua y sales), a la parálisis de
la fabricación de moléculas de auto reparación (para reemplazar secciones
dañadas de su estructura) y de replicación (ADN) y le sobreviene la muerte.
Pero es del caso que
esto se puede dar a una escala de miles o millones de células del cuerpo y no
en una sola.
Cuando esto sucede, con
muchas células debilitándose y muriendo, se altera el funcionamiento de órganos
y tejidos sobreviniendo entonces la enfermedad y luego la muerte del organismo como una totalidad.
Cualquier circunstancia,
fuerza o elemento que altere la normal interacción en nuestros átomos y
moléculas celulares tendrá, por consiguiente, la capacidad de alterar también
el funcionamiento de nuestro organismo.
Químicos inhalados o
ingeridos (aire contaminado, gases, alimentos, medicamentos, tóxicos, etc.),
campos de radiación eléctrica o magnética (transformadores de energía,
radiaciones ionizantes, luces o sonidos de determinadas frecuencias, imanes, energía nuclear y otros), tienen, todos ellos, la capacidad de modificar la
conducción eléctrica, el intercambio iónico, la utilización de la energía y el
propio código genético de nuestras células, enfermándolas o aliviándolas, según
sea el caso.
Todos estos factores
poseen la capacidad de alterar la
polaridad y la carga eléctrica o magnética de nuestras moléculas constitutivas,
las cuales poseen, en razón de las cargas eléctricas, magnéticas y iónicas de
sus átomos, una configuración espacial
determinada, una forma en el espacio que es la que les permite interactuar con
otras moléculas y cumplir su función específica al interior de células y
tejidos.
Cuando la molécula
pierde su forma, pierde su función, enfermando a la célula donde se encuentra o
a donde ha ido a cumplir su tarea, así, la consecuencia de toda enfermedad de
nuestro cuerpo se sitúa en su nivel celular, pero su origen y su solución, está
en sus «ladrillos constitutivos» o moléculas.
TODO
VIBRA:
Los átomos, las
moléculas, las células, los organismos, los planetas, los soles y las estrellas
poseen vibración porque están hechos de energía
en movimiento.
Cuando la energía se
mueve a altas frecuencias se crea un movimiento oscilatorio constante que se
llama vibración.
Cuando un organismo se
enferma, pierde energía y al hacerlo disminuye su oscilación y por tanto su
vibración.
Cuando una célula se
enferma, lo hace porque sus moléculas constituyentes han disminuido su
capacidad de vibrar y por tanto de traspasar energía a la siguiente. Dicho de otra forma, pierden capacidad de conducir las corrientes eléctricas que son las
responsables del intercambio de sustancias, iones, agua y otros hasta que
sobreviene la parálisis.
Con todo lo afirmado
vislumbramos ya, la importancia de la corriente eléctrica en nuestro organismo.
«El cese del movimiento de la energía en un ser
vivo es igual a su muerte»
Si a un organismo
enfermo se le somete a un patrón de vibración constante de una determinada
frecuencia, todas sus moléculas constitutivas comenzaran a oscilar hasta encontrar un punto de equilibrio donde
el movimiento se hace óptimo, llamado el nivel de resonancia. Allí, la
transmisión de energía es óptima y toda la estructura celular estará vibrando
al compás de sus moléculas constitutivas. Estas se "alinearán" en un
mismo eje vibracional que hará resonar armónicamente toda la estructura del
cuerpo como si fuera uno solo.
Terapias de
Biomagnetismo, Electromagnetismo y Repolarización Molecular
Toda la comunicación
interna de nuestro organismo se hace a través de mensajeros químicos, que no
son otra cosa que moléculas, e impulsos
eléctricos.
Las células se comunican
entre sí por medio de corrientes de energía que viajan a través de las
conexiones nerviosas y por millones de moléculas mensajeras que viajan por la
sangre.
De esta manera, todas
las células comparten información y adquieren conciencia de «organismo».
Desde todo el resto del
cuerpo llega información al cerebro, que es un gran lector electroquímico. Toma
esta información, interpreta dichas señales y responde a su vez disparando «impulsos eléctricos» y secretando
sustancias que van por la sangre a
todos los demás órganos, creando en ellos algún efecto.
Cuando la información
que le llega al cerebro por la sangre y los nervios aferentes (que entran) es clara, rápida, libre de
interferencias, concisa y ordenada, el lector cerebral es capaz de interpretar
rápida, eficiente y correctamente su significado, produciendo una respuesta
igualmente nítida, ordenada y adecuada a los requerimientos del medio interno y
externo del
organismo. Hace por lo tanto, los ajustes necesarios para continuar de modo eficiente el proceso vital.
organismo. Hace por lo tanto, los ajustes necesarios para continuar de modo eficiente el proceso vital.
Por el contrario cuando,
la información es inexacta, contaminada y desordenada, el lector cerebral se
incapacita para responder correctamente a las demandas internas o externas y se
equivoca en sus acciones.
Cuando el lector
funciona mal, yerra su respuesta, pierde
la conexión con el resto del organismo y con el entorno y comienza a
manejar mal el tiempo y el espacio interno y externo; equivoca sus respuestas,
altera la química y la mecánica interna iniciándose los fenómenos celulares que conducen a la enfermedad.
Estamos ubicados en un planeta que es de naturaleza
magnética, como nosotros también los somos.
Nuestras moléculas
poseen su propio dipolo positivo-negativo que se ve influido por los flujos del
magnetismo terráqueo.
Es lógico concluir que
si estamos formados por trillones de moléculas que funcionan como micro imanes
que forman nuestras células y que las comunican entre sí, la orientación que
ellas posean en relación con los propios polos terrestres afecta nuestra posición,
orientación y alineación en nuestra vida.
Si nuestros polos
moleculares están anárquicos y desorientados en relación con el mundo que
habitamos, nuestra «posición»
estructural estará mal orientada ante él.
Y si el cerebro lee, la
carga eléctrica y magnética de las moléculas , o lo que es lo mismo, su estructura
espacial y éstas están desordenadas, la respuesta será, como ya dijimos errada.
El resultado es la pérdida de energía, conflicto orgánico y enfermedad.
De acuerdo a lo
anterior, es imperativo por lo tanto, realizar un reordenamiento molecular de células, tejidos, fluidos (sangre y
linfa), órganos y sistemas. Y esto se consigue mediante las Terapias de Electromagnetismo
Pulsante (TEMP) con las cuales se consiguen los siguientes efectos:
♦ Eliminación de las sobrecargas de energía en
puntos específicos del cuerpo y en particular en articulaciones, tendones y
ligamentos, mejorando su funcionamiento, recuperando arcos de movimiento
limitados o perdidos y eliminando dolores. Son altamente beneficiosas para
enfermedades de huesos y articulaciones, como artritis, artrosis, bursitis,
congelamientos articulares.
♦ Se consigue la
organización de los mensajeros químicos sanguíneos con la consecuente
purificación, fluidificación y limpieza de la sangre obteniéndose mejoramiento
de la salud del corazón y la circulación en general.
♦ Optimización del
funcionamiento hepático con el consiguiente aumento de la capacidad de
producción de energía corporal lo que se manifiesta en el aumento de la
resistencia física y la vitalidad.
♦ Mejoramiento de la
función renal, aumentando su capacidad de filtrar la sangre y eliminar toxinas.
♦ Incremento de las
funciones mentales y del pensamiento. El cerebro lee mejor la información
llevada por los mensajeros químicos de la sangre. Entonces, se piensa mejor, se
analiza mejor, se incrementa la capacidad de raciocinio y la intuición.
♦ Disminución de la
producción de hormonas del estrés, como la adrenalina. Con ello se disminuye la
sobrecarga de trabajo en las glándulas y se eliminan las zonas de fatiga
crónica, física y mental.
♦ Se potencia la eficacia
del sistema inmunológico en la defensa
contra las enfermedades infecciosas y degenerativas.
♦ Prevención de las
enfermedades malignas como cánceres y linfomas.
LA CELULA – LA APOPTOSIS
y LA TERAPIA ELECTROMAGNÉTICA.
Las células son pequeños lagos acuosos a manera de espejos lisos, brillantes y templados que poseen sales (y por tanto iones) y moléculas de proteínas en su interior.
Las células son pequeños lagos acuosos a manera de espejos lisos, brillantes y templados que poseen sales (y por tanto iones) y moléculas de proteínas en su interior.
Una clase muy particular de moléculas, es la que conforman
los genes, siendo las responsables de albergar en ellas todas las historias evolutivas de nuestros
antepasados. Esto quiere decir que las células contienen la información
ancestral que llamamos herencia.
Cuando en el transcurso
de nuestra vida se hacen permanentes las emociones como el temor, el miedo, la ira,
se producen en nosotros reacciones químicas que conllevan a que en la sangre se
viertan, desde nuestras glándulas (las suprarrenales, por Ej.), grandes
cantidades de hormonas como la adrenalina, el cortisol y otras, que viajan por
el torrente circulatorio y bañan a todas las células del organismo. Sus efectos
son devastadores para ellas ya que consumen sus reservas de energía, alteran el
equilibrio de los iones y sales y le consumen agua.
Las células se deforman
arrugándose o hinchándose en demasía, perdiendo su consistencia, su brillo y
con ello su equilibrio.
Tal deformidad hace que
la propia célula produzca unas moléculas internas de alarma que son
transportadas a las células contiguas como si fueran mensajes de alerta que se
multiplican exponencialmente a su alrededor y que altera profundamente el
metabolismo interno.
De esta forma, el miedo por ejemplo, se vuelve químico y se arraiga en miles de millones de células en todos los órganos.
Es tan grande la magnitud de este «miedo celular» que se activa un programa (similar a un «software») de autodestrucción conocido como mecanismo de APOPTOSIS (o muerte celular programada, regulada genéticamente).
Mediante la Apoptosis, la célula se «suicida» como una manera de evitar la
propagación del desequilibrio más allá de sus fronteras. Al menos ese es el
propósito. Pero cuando la apoptosis es masiva son millones de células las que
fenecen a una velocidad mucho mayor que la que tiene el cuerpo para reemplazarlas.
Ese es el origen del envejecimiento. Y si son células del sistema nervioso,
mucho más lentas y difíciles de reponer, sumada a la pérdida de tejidos vivos
en todo el organismo, el resultado no es otro que la dolencia y luego de ella
la enfermedad. De esta forma, el miedo por ejemplo, se vuelve químico y se arraiga en miles de millones de células en todos los órganos.
Es tan grande la magnitud de este «miedo celular» que se activa un programa (similar a un «software») de autodestrucción conocido como mecanismo de APOPTOSIS (o muerte celular programada, regulada genéticamente).
Por medio de las Terapias magnéticas,
podemos inducir a que las células del cuerpo de la persona en terapia «se desconviertan», de la historia que
traen en su interior, mientras aprovechamos para imprimir al campo molecular de
ella, a través de ondas electromagnéticas, incluyendo la luz, una nueva y
positiva información, una nueva programación.
Es como si cambiásemos la información del disco duro de nuestro computador haciendo correr un programa anti-virus que borra los comandos y los archivos defectuosos y optimiza el funcionamiento de todo el sistema. Las células no son otra cosa que millones de discos duros que almacenan información correcta o errónea. Las moléculas son las trasportadoras de dicha información. (La memoria Ram). |
Es así como las
moléculas viajarán por la sangre llevando los nuevos «códigos» de funcionamiento recién programados a todo el organismo
y en especial al cerebro, que posee
trillones de pequeños lectores de moléculas llamados neurorreceptores que
interpretan dicha información, generan impulsos nerviosos y hormonales que a su
vez distribuyen la renovada programación a todo el conjunto del organismo. Se
cambia entonces la estructura molecular interna y por lo tanto se inician los
procesos de alivio y aun curación de las enfermedades causadas por la vieja
programación celular.
Es allí precisamente que
el cáncer, el alzahimer y el mal de parkinson pueden ser tratados con
resultados alentadores y positivos.
La migraña, jaqueca,
rinitis, sinusitis, artritis, depresión (tristeza, melancolía, ansiedad,
angustia), asma, cardiopatía, problemas estomacales, miomas, y otros muchos
más, también han sido atendidos con altos índices de éxito.
El cuerpo humano
como estructura electromagnética.
La vida como seres
humanos se hace manifiesta en nuestro mundo a través de un cuerpo físico. Dicho
de otra forma, existimos en nuestro mundo porque poseemos un cuerpo.
Nuestro cuerpo posee un peso específico, que es la consecuencia de la atracción que hace la Tierra sobre él, que a su vez tiene su propio gran cuerpo planetario.
Nuestro cuerpo posee un peso específico, que es la consecuencia de la atracción que hace la Tierra sobre él, que a su vez tiene su propio gran cuerpo planetario.
Ambos (nuestro cuerpo y la Tierra) tenemos, por lo tanto, una serie de ejes o diámetros llamados paralelos y meridianos, que determinan puntos o extremos polares - norte y sur (+/-); además, puntos o líneas centrales llamadas líneas o centros de equilibrio.
Así, nuestro cuerpo
humano puede dividirse en mitades derecha e izquierda, anterior y posterior y
superior e inferior. Estas dos últimas determinan nuestros polos +/- . El encéfalo (cerebro y cerebelo), contenidas
dentro de la bóveda craneana, constituyen el +. La región sacro-coccígea, articulada
perfectamente dentro del bacinete pélvico, comprenden el -
El punto medio o de
equilibrio se configura más o menos en correspondencia con la cintura, cercano
al ombligo; Ambos cuerpos, tierra y organismo, interactúan entre sí porque sus
polos establecen una relación de equilibrio a través de sus fuerzas, no
solamente gravitacionales, sino electromagnéticas.
Podemos decir que tanto el globo terráqueo, como nosotros, somos
imanes que se atraen o repelen mutuamente según la orientación que tengamos el uno
respecto del otro.
Nuestro planeta es magnético porque es una gran
masa de hierro, pero también es eléctrico, porque es un gran depósito de agua y
sales: El Mar
Por su parte, nuestros
cuerpos son exactamente eso: un sesenta y siete por ciento de su peso está representado
en agua y sales de sodio, cloro, potasio y otros; mientras el peso restante lo
aportan compuestos orgánicos a base de carbono y estructuras inorgánicas como
sales de calcio, fósforo, el propio hierro y muchos más.
Somos de esta forma, un
pequeño cuerpo terráqueo conformado por los mismos elementos de los cuales se
compone nuestro planeta y por tanto somos capaces de crear fuerzas eléctricas,
magnéticas y electromagnéticas que interactúan con las suyas.
Tenemos con la tierra,
en un cierto sentido, una estrecha relación "metálica" que se rige
por las leyes físicas de la conducción eléctrica y de la atracción o repulsión
magnética: somos imanes que intercambiamos fuerzas y energías magnéticas y
eléctricas con la tierra. Nos atrae o nos repele según como estén situados
nuestros polos ante los suyos. Somos sinérgicos o antagónicos con sus fuerzas;
nos impulsa o nos frena según la orientación entre ambos y por lo tanto,
vivimos "alineados" o "desalineados" en su superficie.
Así, nosotros estamos "polarizados o despolarizados"
con relación a los ejes electromagnéticos de nuestro mundo según como se
encuentren orientados nuestros propios campos magnéticos con relación a los
suyos.
Origen de
nuestra naturaleza electromagnética: (Átomos y moléculas).
La vida se originó en la
Tierra luego de que enormes cantidades
de polvo cósmico cargadas de átomos y moléculas provenientes del espacio
interestelar fueron depositadas en los mares de un planeta recién formado.
Millones de moléculas irradiadas por luz, rayos cósmicos, ultravioleta, infrarrojos y otros, se mezclaron en su superficie creando una especie de «caldo de cultivo» que fue cocido por las altas temperaturas de un planeta apenas en enfriamiento, en un proceso que tomó millones de años.
Estas moléculas primordiales de vida interactuaron entre sí, generando una serie de reacciones químicas que produjeron moléculas más complejas. Estas moléculas más grandes se convirtieron a la postre en los primeros «bloques de construcción» de las formas más primitivas de vida.
Aparece entonces la RIBOSA, un tipo de azúcar con cinco átomos de carbono y a una serie de estructuras moleculares aun más complejas, llamados nucleótidos: citosina (C), adenina (A), guanina (G) y uracilo (U), que son el «alfabeto genético» de una sustancia llamada el ARN, o acido ribonucleico, molécula que dirige las etapas intermedias de la producción de proteínas.
La aparición de esta molécula a base de carbono trajo como consecuencia la formación de materia orgánica capaz de asociarse para formar «organismos» vivos.
Algunas formas de ARN adquirieron la capacidad de auto replicarse y por lo tanto de multiplicar exponencialmente su cantidad hasta que alguna de ellas, en sus mezclas, dieron origen al material constituyente del ADN, la molécula de la vida por excelencia.
Con el ADN apareció la herencia de la vida: la capacidad de traspasar la información y el «conocimiento molecular» a su generación siguiente, garantizando así la continuidad del proceso.
Millones de moléculas irradiadas por luz, rayos cósmicos, ultravioleta, infrarrojos y otros, se mezclaron en su superficie creando una especie de «caldo de cultivo» que fue cocido por las altas temperaturas de un planeta apenas en enfriamiento, en un proceso que tomó millones de años.
Estas moléculas primordiales de vida interactuaron entre sí, generando una serie de reacciones químicas que produjeron moléculas más complejas. Estas moléculas más grandes se convirtieron a la postre en los primeros «bloques de construcción» de las formas más primitivas de vida.
Aparece entonces la RIBOSA, un tipo de azúcar con cinco átomos de carbono y a una serie de estructuras moleculares aun más complejas, llamados nucleótidos: citosina (C), adenina (A), guanina (G) y uracilo (U), que son el «alfabeto genético» de una sustancia llamada el ARN, o acido ribonucleico, molécula que dirige las etapas intermedias de la producción de proteínas.
La aparición de esta molécula a base de carbono trajo como consecuencia la formación de materia orgánica capaz de asociarse para formar «organismos» vivos.
Algunas formas de ARN adquirieron la capacidad de auto replicarse y por lo tanto de multiplicar exponencialmente su cantidad hasta que alguna de ellas, en sus mezclas, dieron origen al material constituyente del ADN, la molécula de la vida por excelencia.
Con el ADN apareció la herencia de la vida: la capacidad de traspasar la información y el «conocimiento molecular» a su generación siguiente, garantizando así la continuidad del proceso.
Luego, estas moléculas
orgánicas adquirieron la capacidad de construir una barrera o membrana que las
separaba del medio externo y les permitía una interacción selectiva con él.
Así se formaron los primeros organismos vivos individuales, la primera forma de vida independiente y auto replicativa: la célula.
Fue cuestión de tiempo para que muchas células se asociaran formando organismos de mayor tamaño y complejidad que a su vez fueron creando tejidos hechos de células que se fueron diferenciando y especializando en funciones especificas, como el manejo del agua y las sales, tejidos contráctiles o estructurales, tejidos de soporte o tejidos de conducción eléctrica.
Así se formaron los primeros organismos vivos individuales, la primera forma de vida independiente y auto replicativa: la célula.
Fue cuestión de tiempo para que muchas células se asociaran formando organismos de mayor tamaño y complejidad que a su vez fueron creando tejidos hechos de células que se fueron diferenciando y especializando en funciones especificas, como el manejo del agua y las sales, tejidos contráctiles o estructurales, tejidos de soporte o tejidos de conducción eléctrica.
Surgieron entonces, los
órganos como el sistema nervioso, el músculo esquelético o cardíaco, el tejido
renal y hepático, el hueso, etc.
Aparecieron, según el
camino evolutivo, los reinos vegetales y animal con sus diferentes especies,
familias y ordenes.
En cuanto a lo que
respecta a nuestra estructura física corporal, somos en consecuencia, una gran
masa de células organizadas en órganos y sistemas, muy diferentes entre sí.
Pero todas esas células,
no importa su clase, ni su forma, ni su función y ni siquiera la forma de vida
que la contiene (bacteriana, vegetal o animal) están hechas de las mismas
moléculas que a su vez se originan de la mezcla de la misma clase de átomos.
Todas las formas de vida
comparten la misma estructura molecular y todas las formas de materia
existente, viva o inerte, pertenezcan ellas a un vegetal, a un humano, a un
planeta o a una estrella, están hechas de átomos y por tanto regidas por las mismas leyes
físicas y químicas que determinan su comportamiento y su interacción.
De todo lo afirmado lo
que nos interesa es que siendo nuestro cuerpo físico estructuras atómicas y
moleculares, estamos sujetos a las fuerzas que gobiernan el comportamiento de
éstos con el universo. Estamos, reiteramos, sujetos a las fuerzas gravitatorias
y fuerzas electromagnéticas.
Esa es la razón por la
cual nuestro organismo genera corrientes eléctricas que son medibles
(electrocardiograma, electroencefalograma, etc.).
Es fácil comprender por
lo tanto, porqué poseemos «gravedad» y porqué estamos amarrados por ella a la superficie de nuestro planeta.
También es fácil concluir
que los campos eléctricos, magnéticos, gravitacionales, las energías y fuerzas
atómicas, acústicas, lumínicas y vibracionales influyen en nosotros, mejorando
o debilitando nuestras propias fuerzas. En conclusion, somos una masa conformada de atomos y moléculas que posee Mente, pensamiento y conciencia de vida, que comparten los mismos elementos que construyen todo El Universo y por tanto interactuamos con sus fuerzas y con El, a través de ellas.



